Este texto está libre de spoilers.

 

 

Tras terminar One Punch Man y comentar la jugada con mis colegas, oí varias veces que a dicha obra se le etiquetaba de “parodia del cómic de superhéroes”. A pesar de que dicha concepción me chirrió un poco, coincidí en casi todos los aspectos que mis allegados mencionaban: trama interesante, personajes desarrollados y atractivos, cierta ruptura de cánones que le dan frescura y, en el caso del anime, una calidad técnica que le hace justicia al manga.

  Poco después, perdiendo el tiempo en Internet, me crucé con un foro en el que tildaban a la obra como una “crítica al cómic de superhéroes”. 

 

 

  Y, no, realmente no.

 Quiero decir, sí, todos coincidimos en lo que One Punch Man hace bien, aunque parece que nos cuesta un poco ponerle nombre a que es lo que hace.

 Saitama es un sujeto que, tras tres años dedicados al entrenamiento más banal posible (sentadillas y  flexiones, ahí es nada), se convierte en el ser más poderoso de la tierra, capaz de destruir cualquier cosa de un puñetazo. Y se queda calvo.

  One Punch Man se hizo famoso, efectivamente, por no ser un manga de superhéroes al uso. Saitama tiene el comportamiento de un solterón despreocupado que hace las cosas cuando quiere y como quiere, los enemigos que se encuentra son esperpénticos y acaban en situaciones ridículas, y el juego de poderes entre villano-héroe se destroza una y otra vez.

 Sin embargo, lo que hace es mucho más profundo que una parodia y, a mi entender, mucho más interesante que una mera crítica.  One Punch Man ni se ríe de los tópicos sobre los que trabaja ni los ataca: simplemente, los enfoca desde otra perspectiva. Hace lo que se denomina una deconstrucción.

 Realmente, a nivel práctico, todas estas prácticas (crítica, parodia y deconstrucción) tienen elementos de las otras, diferenciándose, la mayoría de las veces, por lo en serio que se toman a sí mismas. Por ejemplo, nunca diría que Bo-Bo-Bo es algo más que una parodia, y lo que fue Watchmen, a pesar de que cambió las bases del género al acercarlo a la madurez, era un brutal ataque a lo que eran, en su momento, los superhéroes.

  El ejemplo que nos acerca mejor a One Punch Man son Los Increíbles. No solo porque ambas cambiaran su enfoque a la hora de hablar de sí mismas, sino porque las dos sitúan a sus personajes en un contexto similar: la relación del superhéroe con la sociedad en la que le ha tocado vivir.

 No hace falta fijarse demasiado en muchas de las situaciones del manga para que nos suenen bastante: los momentos de autosuperación, enmarcados fantásticamente en la figura del Ciclista Sin Licencia; la tachadura de algunos de los héroes como inútiles, o incluso criminales, por parte de una población incomprensiva; la salvación en el último momento; etc.

 Sin embargo, y al igual que Los Increíbles, lo que hace atractivo a One Punch Man es el trato de su tema central mediante el humor y la falta de seriedad. Los Increíbles te ponían a una familia con dificultades para adaptarse a su nueva vida, acrecentadas por el hecho de ser superhéroes retirados. One Punch Man retrata las luchas de poder.

 Comentaba un colega mío que la Asociación de Héroes, organización sobre la cual pivota la sociedad en el mundo de la obra, le parecía metida con calzador. Su estructura jerárquica no le pegaba nada con la idiosincrasia del superhéroe.

 Esta Organización es el trasunto realista de lo que serían asociaciones clásicas como La liga de la Justicia o Los Vengadores. Y a mucha gente le parece increíble precisamente por eso.

Los héroes aquí están separados por rangos, del más alto al más bajo. Se precisa de un doble examen, teórico y práctico, para ingresar. Los héroes más altos son arrogantes y, los más bajos, a pesar de esforzarse, no logran ascender. ¿O suena de algo?

 

 

 

¡Es gracioso y ridículo porque parece real! Mientras Saitama y su aprendiz se dejaban los cuernos en la burocracia de la Asociación, no podía dejar de acordarme de lo muy estúpidos que resultan ciertos trámites en la vida cotidiana. En esa asociación se trata a los héroes como si fueran empleados. La organización que vela por la seguridad del mundo es una maldita empresa privada.

 Y estas luchas de poder, ese afán de gloria y arrogancia, no se encuentra solo en la organización. Saitama, tras percatarse de que nadie apenas le conoce a pesar de dejarse la piel, ingresa en la Asociación buscando fama. Los héroes se pisan unos a otros con tal de llegar más arriba. El aprendiz de Saitama, que llega a lo más alto en un santiamén, se ve víctima del desprecio de sus compañeros. Y las únicas trazas de honestidad se encuentran en héroes de rango más bajo como el Ciclista sin Licencia. Gente más sencilla.

 Aunque mucho contenido de la obra es puramente humorístico, One Punch Man consigue colarnos una visión diferente a la clásica que ya teníamos. En Los Increíbles nos reíamos de lo increíblemente mundano y estúpido que era una familia inadaptada a su entorno, aun sabiendo que hay familias así; en Watchmen, lo hacíamos (figuradamente) mientras una pandilla de desesperados, lo más bajo de la sociedad, trataba desesperadamente de trascender, a pesar de que cualquiera de ellos podríamos ser nosotros. Y One Punch Man nos muestra un mundo tan jerárquico y absurdo, que podría ser el nuestro. Y sin dejar de ser divertido. Y eso es lo que lo hace grande.


Es posible que muchos echen en falta un análisis más general de la obra, para saber si merece o no la pena. De verdad, me hubiera gustado hablar de todos y cada uno de las facetas de One Punch Man, pero realmente no quería repetir lo que ya otros han dicho. Un análisis a grandes rasgos me impediría hablar en profundidad de los temas que el manga toca, y tampoco quiero haceros leer una opinión cimentada sobre las bases que Internet dicta.

  Prefiero hacer análisis de aspectos concretos que de la obra en general. Se pueden sacar conclusiones mucho más interesantes.

 Además, tampoco perdería el tiempo hablando de algo de lo que no pudiéramos aprender nada.

  Tanto como si os ha gustado y queréis hacérmelo saber, como si no, y queréis mandarme una carta bomba, mi contacto es carcasanchez@gmail.com (acepto sugerencias para futuros artículos). Me encontrareis en GitHub como “carcasanchez” y en Mazinger, los viernes por la tarde como “el que va 0-3”.

 Carlos.

 

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