Si tuviera que elegir una obra para introducir a alguien en el manga, seguramente sería Monster.

 

  

   Seguramente, muchos aficionados al anime se hayan encontrado con un pequeño abismo cultural al tratar de mostrar a sus allegados, profanos en el asunto, el hobby al que (admitámoslo) le dedicamos  una considerable cantidad de tiempo. Y no se trata de que sea algo poco extendido, extraño o de frikis: el manganime tiene ya una base de fans mas que extendida en occidente, lo otaku ya no le resulta ajeno a casi nadie, y las generaciones más jóvenes ya lo asimilan como algo natural y familiar.

 

  Sin embargo, parece que le cuesta bastante librarse de ese pequeño estigma social de no ser un medio “serio”. No en vano,  las series que gozan de mayor popularidad y que han exportado el cómic japonés hasta el otro lado del mundo, están destinadas al público juvenil: Naruto, Dragon Ball, One Piece… son el paradigma de lo mainstream, y los primeros nombres que a cualquiera que no esté demasiado metido en el asunto le vienen a la cabeza. Obviamente, no todo el mundo está dispuesto a meterse en un mundillo que se reduzca a eso (o que de la impresión de que lo hace).

 

 Luego está la otra cara de la moneda: obras tan japonesas y que nos resultan tan extrañas, que no nos acercaríamos a ellas ni con un palo.  Hablo de cosas como Neon Génesis Evangelion, Serial Experiments: Lain y similares; obras que, una vez superado ese miedo a lo diferente, resultan ser grandísimas.

 Si, obviamente existen puntos intermedios, que han ayudado a la expansión del cómic nipón y el anime, tales como Akira, Cowboy Bebop, o Berserk, de las que espero hablar si sobrevivo a esta última:

 

   Sin embargo, a pesar de ser, como muchas de las mencionadas anteriormente, de lo mejor en su campo, llegaron demasiado pronto: basta con ver sus fechas de publicación y nos daremos cuenta de que todas son de antes del boom del manganime en occidente, apreciadas por aquel entonces tan solo por los entendidos de aquella época, y ahora por los entendidos de esta.

  Y, sí, hay muchas obras actuales que pueden ser tan serias y buenas como Monster que me dejo en el tintero (fans de Death Note, bajad las antorchas), pero estas siguen contando con ciertos elementos sobrenaturales y culturales tan puramente japoneses (los shinigami en el caso de la citada, por ejemplo), que muchas veces se necesita un mínimo de conocimiento o afinidad previos para que no resulten extravagantes. El público occidental novel, muchas veces, no congenia con esa mentalidad tan “animesca”.

 ¿Por que Monster es perfecta como entrada en el mundo del manga “serio”? Primero y más importante, porque es buena.

¡Mírame!¡Mira que grande se ha hecho el monstruo que hay en mí!

  Kenzo Tenma es un cirujano prodigio de origen japonés que trabaja en un hospital alemán de mucho renombre. Su carrera es brillante, su talento, incomparable, y su futuro, prometedor: se acaba de comprometer con la hija del director del hospital en donde trabaja.

 

  Sin embargo, cierto día llega un herido de bala al hospital: un niño que se ha visto envuelto en un tiroteo. Tenma se dispone a operarlo, pero recibe órdenes explícitas del director de atender, en su lugar, a un político que estaba a punto de aportar una gran cantidad de dinero al hospital. Tenma desoye las órdenes, salvando al chico y condenando al político a la muerte. Esto le cuesta el cargo como jefe de neurocirugía y su compromiso matrimonial.

Caído en desgracia, Tenma se refugia de forma obsesiva en su trabajo, hasta que el director del hospital y varios médicos que se beneficiaron del descenso de Tenma aparecen muertos, y el joven al que el cirujano japonés salvó la vida desaparece.

 Nueve años después, Tenma recibe la visita de un antiguo paciente…

 

 

  

 

  Monster va, efectivamente, de monstruos: de los monstruos humanos. De aquellos que lo son de nacimiento, de aquellos que son creados y de aquellos que crean otros monstruos.

  Asimismo, evade gran cantidad de los tópicos de la novela policíaca y de misterio para contarnos una historia mas centrada en la naturaleza humana que en la resolución del enigma de turno, manteniendo el interés en su protagonista; cuenta con el villano más memorable que haya visto en un cómic en mucho tiempo; no contiene prácticamente ningún elemento sobrenatural (algo que puede hacerla más tolerable a aquellos poco acostumbrados) y lo mejor es que, a pesar de ello, es puramente japonesa. ¿Por qué?

Sin perder la naturaleza.

  Si os paseáis entre cómics de diferente origen, notaréis, sin mucha dificultad, que hay algo, aparte del dibujo, que diferencia a los venidos de América, a los europeos y al manga: su forma de contar la historia.

 Tomad cualquier novela clásica europea y podréis ver que lo que pivota la historia es el argumento propiamente dicho: qué ocurre y por qué. Nadie hace nada sin motivo, no hay agujeros en la trama, ni explicaciones infundamentadas que atenten contra nuestra suspensión de la incredulidad. Aún a costa de lo entretenida, divertida o emocional que pueda resultar la obra.

  A pesar de que el ejemplo suene exagerado, las clasiquísimas aventuras de Sherlock Holmes lo reflejan estupendamente.

   En cambio, si le echáis un ojo a la narrativa americana, es probable que observéis a personajes no del todo caracterizados en una trama no del todo consistente... todo, eso sí, envuelto en explosiones y coches volando. Priman las emociones, los sentimientos, el espectáculo y el drama, los personajes solo son medios para su representación, y la trama, muchas veces, fuerza su aparición en escena.

  Os vale casi cualquier película de cine comercial: Transformers, las películas de Marvel, etc. La acción lo domina todo, y eso le pasa factura tanto a los personajes como al guión.

  Finalmente, si nos vamos al terreno japonés, nos encontraremos con que los personajes son el corazón de la historia. La trama puede quedar abierta por todos lados y el ritmo puede ser desquiciadamente lento: se doblegan para permitirnos conocer en profundidad a todos y cada uno de los que en pantalla aparecen. Sin ir mas lejos, Monster.

  Obviamente, esta separación entre estas las tres escuelas narrativas no es ni infalible ni reglamentaria: Juego de Tronos tiene un plantel y profundidad de personajes que ya quisieran muchos autores,  Akira y Attack on Titan son puro espectáculo, Detective Conan es un trasunto nipón de las historias-puzle del Sherlock Holmes de Doyle, y mas de un protagonista de anime caería al suelo tan plano como una tabla si le empujas un poco.

 Y, ¡que demonios!¡Las buenas obras no descuidan ningún aspecto, se centren en el que se centren!

  Aclarada la diferencia entre narrativas, volvamos a Monster.

 

Obluda

  Este es un manga largo, que va construyendo su historia poco a poco. Da espacio suficiente para que su gran cantidad de personajes (todos con su arco propio, y fantásticamente escritos) se desarrolle.

 

 Todos ellos sufren un conflicto que tiene sus raíces en experiencias anteriores. El ver como los afrontan, cada uno de una manera (unos aceptando el pasado, otros olvidándolo, otros destruyéndolo todo a su paso), es uno de los grandes atractivos del cómic. Cada uno tiene una personalidad profunda, con sus contradicciones. Evolucionan a lo largo de la historia, cambian su visión del mundo y hace que seguirlos en su camino sea una delicia. No hay nada mas placentero, mientras lees Monster, que aparezca de nuevo alguien a quien la trama dejó atrás, para verlo terminar de caracterizarse y apreciar su impacto en los hechos posteriores.

  Y toca hablar de su villano. Oh, dios. Creo que solo le he dedicado media línea. Sacrilegio.

   El antagonista de Monster es sublime. No se trata simplemente de una pieza que hace fuerza contra el protagonista para darle un objetivo. Es, por así verlo, un protagonista mas. ¿Lo que dije antes de la evolución de los personajes, sus contradicciones y como cambian su enfoque? También se aplica a él. No voy a decir su nombre por no hacer destripes, pero lo veréis una y otra vez a lo largo de la lectura. Y, creedme, se os quedará grabado.

 

 

 

  Aparte de eso, Monster rezuma madurez. Si dibujo no tira nada de técnicas gráficas típicas en el anime: es completamente realista, afín a los temas que trata, y usando a su favor, a pesar de todo, la gran expresividad del manga para construir mejor a sus personajes.  

¿Ya estás de vuelta?

   Rebozándome en todo mi cinismo, cuando se menciona la “seriedad”, “madurez”, o similares, de una obra (en especial, de un manga), siempre me imagino que lo que tendrá de serio es una etiqueta “+18” pegada a la portada, y lo que tendrá de maduro será prácticamente nada.

   Sin embargo, hay obras… hay obras que dan ese pasito que separa la seriedad adolescente de la verdadera madurez, y hacen avanzar al medio al que pertenecen.

  Y es fantástico ver a la gente descubriéndolas.

   Monster es fantástico para apreciar la narrativa nipona sin entrar en el terreno otakucomercial que últimamente impregna todo lo que viene de japón, y apreciar un manga mucho mas adulto de lo habitual. Si os atraen las series cocidas a fuego lento, centradas en sus personajes y con un antagonista soberbio, os lo recomiendo.

 

  Si podéis, echadle también un ojo a su versión animada, que cuenta con un dolaje maravilloso al español y una fidelidad total al manga.

 

 

  Hasta aquí el análisis de Monster. Espero que disfrutéis tanto de la obra de Urasawa como yo lo hice.

 Para cualquier cosa que me queráis comunicar (ideas sobre futuros análisis, críticas hacia mi trabajo o amenazas de muerte), aquí tenéis mi contacto:

carcasanchez@gmail.com

 ¡Nos vemos!

                       ~Carlos

 

 

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