¿Por donde empiezo? Amo Blacksad. A pesar de que no llegué a leer enteramente ninguno de sus volúmenes hasta hace bien poco, se había ganado un hueco en mi corazoncito con un par de vistazos. Su curiosa concepción del género policíaco (y sus animales antropomórficos)  llevaban haciéndome querer leerlos desde hacia años. Finalmente, pude poner mis garras sobre varios tomos… y no defraudó.

 

 

 Un lugar entre las sombras

 

  Si le echamos un ojo al primer tomo, nos toparemos con un panorama que nos sonará mucho: detective solitario, tirado en una ciudad que amenaza con devorarle, donde sus investigaciones se ven interrumpidas por la mano de los poderosos. Blacksad dibuja a la perfección el realismo sucio de Raymond Chandler, la Nueva York, los años 50. Todos los topicazos están ahí.

  El mundo de Blacksad está poblado de humanos con rasgos animales. Hay de todo: perros, lagartos, pájaros… y nuestro querido detective protagonista, John Blacksad, es un gato. Un gato negro.

 ¿Por que funciona tan bien Blacksad, a pesar de ser una historia de folletín?

Consciente de sus tropos

  El primer punto fuerte de los autores de Blacksad, Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales, es el saber desarrollar un personaje cliché.

  A día de hoy, consideramos el término “personaje tópico” como peyorativo, y no sin motivo. Muchos de los personajes basados en clichés no tienen mas profundidad que el chascarrillo sobre el que se sustentan, dando lugar a personalidades planas y caracterizaciones nulas. Acabamos asociando “personaje cliché” con “personaje sin profundidad”.

   Si los clichés se siguen usando, es por algo. Funcionan, son esquemas de personajes que tienen sentido, que nos hacen sentir cómodos tanto a los autores como a los lectores. El problema viene cuando TODO el personaje es ese cliché. La psique humana es demasiado compleja para que se pueda resumir de esa manera. Todos, a pesar de entrar dentro de una definición mas o menos breve de como somos, tenemos matices.

 Cojamos a John Blacksad. Es un detective amargado, solitario, de ceño fruncido. Lo hemos visto mil veces en distintas obras. Y, sin embargo, le vemos reír. Tiene sus debilidades, sus gustos, y se lo pasa bien de determinadas maneras. Incluso tiene amigos. No está siempre haciendo lo que su arquetipo le requiere, él también tiene vida mas allá de su trabajo. Como cualquier otro. Se diferencia del resto de detectives del género negro porque… bueno, porque es él mismo.

  El uso de tópicos no es intrínsecamente malo, y menos en personajes. Nos da una base sólida sobre la que trabajar, y construir algo más interesante que lo que se ve a primera vista. Y aquí es donde Guarnido y Díaz Canales ponen su toquecito maestro: el uso de los animales como representación rápida del cliché.

Consciente de su ritmo

  Me confieso un fan de los animales antropomórficos. Tengo en mi lista de obras favoritas a varios animes y videojuegos (Daily Life with Monster Girls o Solatorobo: Red the Hunter, por poner algún ejemplo) que usan perros, gatos y demás enseres para caracterizar a sus protagonistas.

 

Todos los clichés de Blacksad se sustentan en un animal acorde: el detective es un gato negro, el inspector es un pastor alemán, el asesino a sueldo es un lagarto o un caimán, los dueños de los garitos son cerdos o iguanas, el soplón de turno es una rata, los sabios científicos son búhos y lechuzas… y la lista sigue. Todos estos animales tienen una fisionomía propia que les da una expresión facial que casa perfectamente con el estereotipo que quieren representar. Luego, obviamente, les veremos gesticular de formas variadas a medida que se vean en diferentes situaciones, pero la base de su comportamiento y personalidad se puede apreciar rápidamente en función de lo que son (probablemente, esta sea una de las causas de mi amor a primera vista por esta obra).

Blacksad pierde muy poco tiempo y espacio en presentarnos a su elenco. El cliché se desarrolla en una o dos imágenes, para luego dar espacio suficiente a que el personaje evolucione.

   En un cómic, donde las palabras por segundo son mucho menores que en una película (y ya ni digamos un libro), y cada bocadillo es precioso, el ahorrar sitio para poder desarrollar a sus actores  más allá de su imagen inicial es algo impagable.

   Y hablando de expresiones: Guarnido y Díaz Canales son unos hachas a la hora de retratarlas.

   Estoy hablando de que la única aparición del villano del primer tomo dura tres carillas y cuatro bocadillos de texto. Y es una de las mejores actuaciones que he visto nunca en un cómic.

 

   Los rostros animales permiten una deformación casi caricaturesca, consiguiendo una emoción que en un rostro humano sería difícil de plasmar sin perder realismo.

  Consciente…

  Otro de los aspectos que más me ha llamado la atención de Blacksad es su fantástico uso del color. En la introducción del primer tomo, en la escena de un asesinato, todo toma un tinte sucio. En la secuencia del ataque en la niebla, el blanco predomina. En la reunión con el gran jefe que prosigue a la anterior situación, el aire es cálido, casi opresivo. Los autores han hecho un trabajo excelente con las acuarelas.

 

  Aún podría seguir hablando del detective gato y sus muchas virtudes, pero creo que lo esencial lo he mencionado ya. Aunque el primer volumen se encasille en la novela detectivesca barriobajera clásica, sus siguientes aventuras ya lo llevan a contextos políticos más extensos (el neonazismo en Artic Nation o la paranoia nuclear de la Guerra Fría en Alma Roja), pero tan solo es un escenario para mostrar facetas distintas de Blacksad y sus coetáneos. Igualmente, todos los textos están grandiosamente escritos, casi con poesía.

  Si habéis leído mi anterior escrito (Monster y la narrativa japonesa), comprenderéis fácilmente mi amor por esta obra, en base a sus geniales personajes. Y, bueno. Es que tiene animales antro. Y los animales antro molan.


 

Os dejo mi contacto por si os atrevéis a afirmar lo contrario.

carcasanchez@gmail.com

Au revoire!

  ~Carlos

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