Oh, si.

Hoy toca hablar de una de ESAS obras.

 

 

  Yo solía ser un gordo repelente que le gustaba criticar todo lo que encontraba. Ahora, he adelgazado, y he hecho de la crítica mi “trabajo”.

 

   Como ya probablemente hayáis ido deduciendo con el tiempo, soy un hipster recalcitrante. Adoro las pequeñas cosas desconocidas y raras, siempre aludo a mi ¿desarrollado? criterio cuando tengo que justificar cualquier cosa, y lo excesivamente popular me causa sarpullido (aunque no visito el Starbucks a menudo).

 

  Hablo demasiado. Demasiado de mí mismo. Y me quejo. Bastante. Tal vez demasiado. Para desgracia de algunos. De unos cuantos. Tal vez demasiados.

  Pero, chavales, yo también disfruto de cosas…

 

 

Porque no todo van a ser obras profundas y trascendentales, ¿no?¿no?

  A lo largo de mi período como consumidor de manga y anime (no vamos a decir otaku porque, eh, es muy mainstream), me he tragado bastantes series del mismo palo: To-Love Ru, High School DxD…

  Intercalándolas con cosas como Serial Experiments Lain o Ergo Proxy, eso si.

  A pesar de gozar con todo mi ser de estas producciones salidas de tono, nunca llegaban a quedarse conmigo tal y como lo hacían sus hermanas de mayor calidad y seriedad.

 

  Hasta que encontré Daily Life with Monster Girls.

 

  Monster Musume no iru Nichijou para los puristas.

  Vamos a aclararnos: no es ninguna maravilla. No pasará a la historia. Y aun así, merece la pena hablar de ella.

 

  Creo que eso de los tópicos y los arquetipos ya lo he tratado antes. Sin embargo, me parece un tema demasiado candente a día de hoy como para darle carpetazo tan rápido. Ya he hablado de los estereotipos en personajes: ahora, me gustaría hablar de los estereotipos dentro de un género entero.

 

  Concretamente, del género harem, que es al que pertenece Monster Musume.

 

Descripción gráfica rápida de lo que es un manganime harem:

 

 

 

 

 

  Al ser un punto de partida narrativo tan demandado por las masas, el género harem (y toda la comedia romántica, en general) se ve forzado a la complacencia: los espectadores se sienten cómodos con determinadas historias y situaciones, ¿para que lo vamos a cambiar? Otra vez, el público crea la obra, y es raro encontrar algo que se salga del fanservice barato.

 

  Por eso me gusta Monster Musume, por ser otra muestra mas de cómo se puede crear contenido comercial, exclusivamente lúdico y sin ningún tipo de pretensiones, sin dejar de tener un mínimo de buen hacer.

 

   Kimihito Kurusu es un joven japonés que, a raíz de un error administrativo en el programa de intercambio entre humanos y monstruos, acaba con una lamia viviendo en casa. A lo largo de su convivencia, se van incorporando nuevas huéspedes a su hogar. No tiene argumento per se: son pequeños arcos narrativos en los que se habla de algún aspecto de la vida de uno de los personajes principales o sucesiones de situaciones cotidianas.

¿Que es lo primero que mola de Monster Musume? Sus chicas, obviamente, como en cualquier manga harem.

  Aunque el tío de en medio también mola lo suyo.

 

   Primer punto en el que MonMusu hace algo bien: su protagonista no es imbécil. Si a alguno no le daban ganas de matar a Issey en High School DxD cada vez que abría la boca, por favor, me encantaría conocerle.

 

   Hay una curiosa tendencia en el género a crear a una figura romántica masculina risible. Tiene cierto sentido: el interés se centra en las mujeres, así que se usa al patán del tío para realzarlas. Estaremos de acuerdo en que es mucho mas gracioso ver a un pobre idiota tratando de pillar cacho que a un galán de la vida llevándoselas a todas. 

 

   Sin embargo, este planteamiento de un protagonista poco agraciado nos causa un problema: ¿como justificamos que haya interés romántico entre tan fantásticas féminas y tan estúpido hombre?

 Una: desarrollamos el personaje (Logro desbloqueado: mentar el desarrollo de personajes) hasta un punto en el que nos creamos su relación, como hacen las buenas historias.

  Dos: no lo desarrollamos. Y nos tenemos que creer que ese imbécil triunfa. Y nosotros no. Como hacen las malas historias. Y High School DxD. Maldito Issey.

  Tres: el prota no es imbécil. Como ocurre en Monster Musume.

 

  Kimihito Kurusu vive solo, se busca la vida, trabaja mucho y es un trozo de pan con sus huéspedes. El pobre se lleva todos los palos y, aún así, no pierde el humor. Sin tener ningún poder especial (mas allá de una asombrosa resistencia a los machaques a los que le someten sus compañeras) ni ser el elegido de nada. Es el ser mas normal de esta panda de bichos raros.

  Así si que te crees lo que te venden.