Shingeki no trenes, tío.

Kabaneri of the Iron Fortress.

Anime of the year.

Clásico instantáneo.

  •  La raza humana está encerrada en ciudades fortaleza, comunicadas tan solo por trenes acorazados. La razón de este aislamiento se debe a la proliferación de una raza de no-muertos metálicos, los kabane, increíblemente resistentes a las armas de fuego. Un valeroso joven, contaminado por el virus y, sin embargo, resistente a él, emprende un viaje para exterminarlos y liberar a la humanidad.

    Básicamente es eso. Trama bien desarrollada, personajes profundos y con motivaciones, grandes coreografías en las escenas de acción y un villano que ya quisieran muchos.

    Os lo recomiendo encarecidamente. A la altura de los mejores animes de acción.

    Too much trains - IGN, 10/10

    • Kabaneri of the Iron Fortress es MALA, y si me he dignado a dedicarle 116 palabras de mi vida, es simplemente por daros un punto de entrada al trabajo de su director, Tetsurō Araki.

    •  Si os estáis preguntando ahora mismo si su nombre debería sonaros, tal vez debería mencionar alguna de sus otras obras (de manifiesta mejor calidad): las adaptaciones al anime de Death Note y, ahora si, Shingeki no Kiojin, todas bajo el sello de Wit Studio.

       

       

      Desde luego, ha perpetrado más, como Guilty Crown o High School of the Dead, pero me gustaría centrarme en las dos antes mencionadas, por el simple hecho del gran éxito internacional que han supuesto, cruzando la barrera de la cultura otaku para hacerse un hueco en la popular. A pesar de que lo que hizo grande a Death Note y a Shingeki ya estaba en sus versiones originales, el estilo de Araki a la hora de dirigir ha jugado un papel importante en la difusión de sus respectivos animes.

       

      Si habéis sido clementes con mi trabajo y os habéis leído mi análisis de Monster, es posible que aún os acordéis de toda aquella parrafada sobre la narrativa japonesa y su gusto por los personajes profundos, y de su contraste con la americana, donde todo sucumbía al dramatismo.

       

      Pues bien, este hombre podría ser la viva encarnación de la excepción a la regla.

       

      Araki combina de manera muy inteligente la explosividad con el desarrollo de personajes.

      El diseño visual de sus obras esta cuidadísimo: los personajes, la animación, los ángulos de cámara tan atrevidos, los colores saturadísimos. Todo entra por el ojo, todo rezuma drama, todo está diseñado para que resulte impactante y memorable tan solo con mirarlo.

      Podría decirse que Araki es el doble japonés de Zack Snyder (Watchmen, 300, V de Vendetta), pero el director nipón no se limita a impresionarnos con su despliegue técnico y artístico: aprovecha las situaciones tan emocionalmente cargadas para darles espacio a sus personajes, forzando al máximo su expresividad para hacer que simples diálogos parezcan escenas de acción.

       

      Este estilo melodramático funciona de maravilla en Shingeki. La obra original era un manga de acción que veía lastrado su ritmo cuando se metían con calzador ciertos discursos existencialistas acerca de la condición en la que se veía la raza humana, apresada tras los muros.

      Que, oyes, podrían ser preguntas interesantes que dieran mucho juego para la trama, pero no era ni el momento ni el lugar para ponerse a filosofar. No, si lo que estás haciendo es un manga de acción.

      Araki usa eso a su favor. Esas parrafadas que ocupaban tanto espacio en el manga, de repente, son una línea mas de ataque. Podemos seguir haciéndonos las preguntas que nos hacíamos, sin que la atención decaiga.

      La desesperación y el sufrimiento de los protagonistas de Shingeki se multiplica por mil cuando Araki las pone en pantalla. Es todo tan visceral, que resulta casi agobiante.

      Todo esto se puede aplicar también, con matices, a Kabaneri of the Iron Fotress.

      Porque, vale, igual he sido un poco duro con ella. No es buena, pero podría haber sido mucho, mucho peor.

      Aunque sea una premisa menos inspirada que sus predecesores (por algo será que todo el mundo la llama Shingeki no Trenes), se sigue notando la mano de su director. Continua mostrándonos personas al límite, sacando lo mejor y lo peor de cada una, y no tiene ningún reparo en enseñar escenas de lo mas crudas. Si, acusa falta de innovación, es melodramático en exceso, y la trama y el ritmo hacen aguas por todas partes, pero en el terreno que Araki maneja, la acción y el deslumbramiento visual, sigue siendo sobresaliente. Y sabe usar BIEN el 3D en una serie anime, lo cual ya le suma puntos extra.

      Y llegamos a Death Note, obra que se resiente al pasar por el filtro del respetable.

      Tomad todo lo que he dicho sobre el impacto visual y la emoción liberada que tanto caracteriza al mencionado arriba. Imaginad hacer una adaptación de un manga detectivesco, que no deja de recordar a Sherlock Holmes, mas atento a plasmar una trama complejísima y llena de giros que ha ser dramática, usando el estilo de Araki.

       

      Tarde. El muy capullo ya lo ha hecho

    •  Aviso: no estoy diciendo que sea mala, ni mucho menos. Ni siquiera llegué a verla completa, así que tampoco podría dar una opinión con un criterio fiable.

      La versión manga de Death Note era una historia sesuda, cargada de texto. Generalmente, la acción quedaba relegada al clímax de cada arco, tras construir tensiones basadas en el diálogo durante todo el capítulo.

      Por dios, si ciertos planes y razonamientos de sus protagonistas eran tan densos que llegaba a perderme. Era una obra hecha para hacerte sentir inteligente.

       

      Su versión anime está hecha para hacerte sentir guay.

      Los encuadres son impresionantes, el ritmo es intenso, los diálogos están cargados de sentimiento…

      Pero, ¿esto no era una historia de suspense?

      Desgraciadamente, Araki exagera los clímax hasta tal punto que saca al espectador fuera del tono de la trama. Se nota un tremendo desvío entre la obra original y su adaptación, aunque a nivel de argumento y desarrollo permanezca fiel. Cambia muchísimo el cómo se cuentan las cosas de una a otra.

      ¿Queréis una prueba de lo que digo? La escena de la patata. La maldita escena de la patata. Mirad en uno de los muchos videos en internet cómo es, y luego comparadla con el manga. Y esto se extrapola al resto.

      Ya comparé antes a Araki con Zack Snyder por las similitudes de su estilo, y lo vuelvo a hacer por otro curioso paralelismo: el Death Note del primero es el Watchmen del segundo. Ninguna de las dos son malas obras per se, pero no acaban de captar la esencia ni el mensaje del material en el que se basan.

      Y no deja de ser una pena: directores con tanta personalidad y un estilo tan definido hacen bastante falta en una industria cada vez mas genérica y centrada en contentar al público medio.

      Aunque si esos mismos directores se centran en contentar a ese mismo público, tampoco hemos arreglado nada.

      En fin. Después del chasco de Kabaneri, Araki aún tiene tiempo de sorprender con obras que hagan justicia a su estilo. Veremos.

      Cuarto artículo ya, y realmente parece como si hubiera puesto a parir el manga de Tsugumi Oba y Takeshi Obata.

      Pretendía hacer un análisis de Death Note, obra que me parece harto interesante, pero me he ido por otros derroteros. Lo tendréis algún día.

      Y, sí, es buena, tanto el manga como su adaptación. Podéis dedicarles vuestro tiempo sin miedo.

      Para cualquier cosa, podéis mandarme un misil tierra-email a carcasanchez@gmail.com

      Sayonara.

       

      ~Carlos

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