Fe de erratas: en el anterior artículo, afirmaba que Tetsuro Araki había dirigido Death Note en Wit Studio. Esto es falso: si bien si la dirigió Araki , Death Note fue realizada por Madhouse. No fue hasta 2012, con Attack on Titan, donde Araki se estrenó en Wit.

Este análisis da por hecho que has visto Re: Zero, y destripa completamente la trama de un anime que NO recomiendo.

  Es cierto que las opiniones de los demás suelen influir en la tuya, y no creo que eso sea algo malo. El criterio de alguien a quien respetas y con el que has coincidido en repetidas ocasiones suele ser un punto de partida excelente para fundamentar tus ideas, e incluso pueden darte otro punto de vista que haga cambiar tu óptica de cara al mundo.

 

  Por eso, cuando terminé de ver Re: Zero, salí pitando a teclear en San Google a mis mas adorados apóstoles del análisis, con intención de contrastar impresiones y cimentar (o no) la idea que tenía de esta serie. Re: Zero llevaba un buen tiempo en boca de todos, así que, si algo abundaba, eran las reviews.

 Me sentí terriblemente confuso.

  No porque hubiera gente que no compartiera mi opinión (eso siempre, por mucho que nos duela, va a ocurrir), sino porque además, los que sí la compartían, no coincidían en casi nada, ni entre ellos ni conmigo.

    Los que no ven en Re: Zero la segunda llegada de Jesucristo en versión anime que algunos prometen no parecen ponerse de acuerdo en que es lo bueno y lo malo de la serie, y me ha resultado difícil encontrar una opinión que se asemeje un mínimo a la que yo tenía. Concordaba en algún detalle aquí y allá, pero siempre de diferentes fuentes, y nunca con una idea general parecida.

  Y luego está el resto, que no necesita razón alguna para proclamar a Re: Zero como una nueva temporada de Evangelion, la continuación de Berserk o un remake de Akira.

  (Lo cual me sugiere que es muy probable que los que afirman tal blasfemia no se hayan visto ninguna de las obras citadas).

  En general, las opiniones están tan polarizadas que elegir entre #TeamRem o #TeamEmilia puede resultar casi tan doloroso como tener que hacerlo entre Donal Trump y Hilary Clinton.

  Mi periplo por Re: Zero se puede dividir fácilmente en tres tercios ordenados cronologicamente, cada uno con, aproximadamente, dos arcos argumentales.

  La idea con la que partía, gracias a comentarios previos, era de que se trataba de una serie de inicio lento que mejoraba con el tiempo. Pues bien, he aquí el primer punto de conflicto entre mis impresiones y las ajenas.

  El primer tercio podría situarlo desde la llegada de Subaru al mundo donde mágicamente alguien le ha teletransportado hasta el inicio de la ceremonia de coronación, y fue, a mi entender, el trayecto más disfrutable.

   Y es que la primera impresión no deja de ser buena: se ve bien, se oye bien, y los personajes que pululan por pantalla tienen su gancho. Subaru es un niño idiota y torpe, pero su actitud despreocupada es natural, ya que es un otaku de libro, y no le sorprende en absoluto verse en otro mundo. No sabemos por qué esta ahí, y el tampoco parece morirse por averiguarlo, pero, ¡está bien!  le da a su figura un tono desgarbado y feliz bastante atractivo.

  El resto de habitantes del mundo van apareciendo paulatinamente, cada uno con sus objetivos y trasfondo, y sus historias entrecruzándose, comenzando por Emilia, la medioelfa de pelo plateado aspirante al trono que se convertirá en el interés romántico del protagonista.

 Posteriormente, Subaru descubre que, cada vez que muere, vuelve a un punto anterior en el tiempo sin que nadie excepto él recuerde nada, factor que juega un papel primordial en el desarrollo de la trama y de él como persona. Cada vez que la diña, este vuelve a un punto anterior en el tiempo, siendo él el único que recuerda lo sucedido.

  Y esta mecánica dispara las posibilidades y sienta unas bases muy sólidas para la evolución de Subaru. En el segundo arco, en el que este se introduce en la mansión de Emilia como mayordomo, empieza una sucesión de muerte y resurreción de lo más traumática. Aparte de presentar el misterio de qué es lo que está pasando, Subaru comienza a cambiar. El dolor de la muerte le hace mella, aprende de cada fallo y utiliza la valiosísima información a la que él, y sólo él, tiene acceso, para esquivar los próximos ataques y dar con el culpable. La obra adopta un tono más pardo, más sombrío, que contrasta mucho con la impresión inicial, y genera una dinámica increíblemente molona.

  Asimismo, hacen acto de presencia las doncellas Rem y Ram, unas gemelas de los mas curiosas, con una de las mejores backstorys de toda la serie, y el resto de moradores de la mansión (entre los que se haya una suerte de Kefka salido de una burda fanfiction de Final Fantasy al que parece importarle todo un pimiento,  y una bibliotecaria loli que resulta ser uno de los personajes con más appeal).

  Es en el segundo tercio de la aventura, más concretamente en el arco de la selección real, donde se pega el primer tropiezo importante.

  Subaru se autoproclama el caballero de Emilia, dando lugar a una situación de lo más embarazosa para nosotros, espectadores, y de lo más dolorosa para él. Ofende a muchos de los presentes (todos con un estatus social elevadísimo), y se gana, merecidamente, la paliza de su vida en el desafío que uno de los caballeros de la corte le lanza.

  Emilia se enfada con él por meterse donde no le llaman, ser un notas y decepcionarla como su sirviente. Y él le grita. 

  Su comportamiento de cara al resto de personajes se parece más al de un niño pequeño y caprichoso que al del adolescente alocado y despreocupado que supuestamente es. Se enfrenta a los primeros fracasos, a cosas que no puede solucionar con su extraña inmortalidad, al rechazo del resto. Básicamente, se da cuenta de que no es el héroe que aparentaba ser. ¿Y como reacciona? Gritando que él se esfuerza, que nadie le entiende, que no deja de intentarlo y nadie le apoya. Cuando, en realidad, no ha hecho nada más que meter la pata.

  Es cierto que esta situación es un mal necesario, ya que un conflicto personal entre protagonistas siempre estimula más la trama, pero curiosamente me cuesta creérmelo. En ningún momento la actitud de Subaru es lógica o siquiera comprensible, y cuando Emilia se enfada no podemos hacer nada más que estar de acuerdo con ella: Subaru ha hecho el estúpido. Y aún así, él le grita.

  Pese a todo, no ha sido tiempo perdido: se ha introducido varias personalidades importantes y han vuelto viejos conocidos. Así que, pese a la impresentabilidad de Subaru, podemos continuar sin arrepentirnos y sin considerar este trecho como algo más que un ligero bache.

 

  El siguiente arco es, si hacemos caso a la opinión generalizada (con la que, por una vez, estoy de acuerdo), el más impactante de la serie, y la razón por la que muchos aman Re: Zero. Subaru asiste al horror más absoluto: una y otra vez, en un eterno bucle de muerte y resurreción, la mansión de Emilia es atacada por los adoradores de la Bruja de los Celos (porque, si, había un bruja) y sus habitantes aniquilados. El tono sangriento vuelve con fuerza y sus personajes son puestos al límite, con algunas de las escenas más duras, impactantes y mejor dirigidas de la obra. Tras un anterior arco sensiblemente decepcionante, encontrarse con algo así te hace recuperar la fe en Re: Zero…

...hasta que pasas a la siguiente página.

  Porque es aquí, en el último tercio, donde se manda todo al traste. Todo lo que hemos visto antes, todas las ideas y premisas que se han presentado, todo el desarrollo de sus protagonistas y secundarios… se olvida.

   Después de una hermosa (y pastelosa) charla con Rem la Friendzoneada, comienza el descenso imparable de la serie hasta la más absoluta mediocridad.

  Que conste que, de por si, no tengo ningún problema con ese funesto capítulo 18 del que todo el mundo se queja, mas allá del hecho de que marque con demasiada exactitud el momento en el que Re: Zero me dejó de gustar.

  Vayamos por partes. ¿Recordáis todas esas escenas de sufrimiento en las que Subaru parecía dejar (y en ocasiones dejaba) las tripas? Bien, parece que después de todo, no había sido para tanto.

  La primera virtud que muchos le destacan a Subaru es su evolución: como comienza siendo un tío alegre y tontorrón que se estampa contra el desengaño de su debilidad, y entra en desesperación al ver como todo lo que amaba arde en el infierno sin que él pueda hacer nada.

   Lo gracioso es que, irónica y posteriormente a eso, rebobina a su estado anterior.

   Subaru consigue convencer, gracias a la información recabada en una de sus resucitaciones, a las diversas facciones reales de la aparición de una bestia legendaria que lleva siglos atormentando el país. Tras la batalla, aprovecha la deuda que todos han saldado con él para reclutar un pequeño ejército que venza al Culto de la Bruja que atacará la mansión de Emilia.

  Tras todo lo que ha pasado, después de morir una y otra vez de maneras horribles, Subaru sigue siendo el mismo cabestro alocado que curiosamente lo hace todo bien cuando al guionista le interesa, solo que ahora todo el mundo le quiere porque…

¿?

 Su comportamiento apenas se ve modificado: después de verlo literalmente en estado de shock por las situaciones espantosas que ha padecido, resulta extraño encontrarlo fresco, sano y determinado como una lechuga, con la habilidad para convencer a diversos líderes militares de que hagan lo que él quiera, saltando a lomos de una ballena blanca voladora y combatiendo, sin absolutamente ninguna habilidad para ello, a los Cultistas que, dos arcos argumentales atrás, lo habían torturado hasta el traumatismo. Y todo eso, con una simple conversación.

  No se siente como alguien avanzando. No parece crecer. No hay un antes ni un después, sino simplemente una oscilación entre dos estados: Subaru pasándolo bien, Subaru pasándolo mal. Ahora es capaz de más, pone a todo el mundo de su lado, pero, ¿por qué?¿Donde ha aprendido?¿Por qué su actitud no ha cambiado, y ahora consigue todo eso, si no ha sido un entrenamiento ni un viaje, sino una simple y llana tortura? Su progreso emocional es inexistente, y su fortalecimiento es injustificado.

   Tras todo ese sufrimiento, ¿de verdad no ha cambiado nada? ¿De verdad ha sido tan inocuo? Parecía doloroso y, sin embargo, aquí estamos. Como a principio. Solo que ahora le caes bien a la gente.

    Subaru tiene muchos boletos para convertirse en el personaje peor escrito que he visto en mucho tiempo en cualquier medio, tan desesperado como la propia serie en decir que él es diferente, que se esfuerza, que romperá con todo. Te promete que será más algún día, cuando lo que te encuentras al final es a alguien que dice constantemente que esto o lo otro es muy tópico, como queriendo dar a entender que él mismo no lo es. Cuando lo que te encuentras es un Don Nadie que, curiosamente, a todo el mundo le gusta.

  El final de Re: Zero es la viva imagen del anticlímax, y no solo por lo mal llevado que está Subaru como personaje. El impacto emocional es nulo, ya que sabemos que ni él ni sus aliados más importantes morirán definitivamente. La mecánica de regreso de la muerte que tanto juego daba en los primeros compases de la aventura se convierte en un arma de doble filo al servicio de una trama absolutamente cobarde.

   Los bucles en el tiempo se usan constantemente para salvar a los que palman, y el sentimiento de miedo de perder a tu favorito desaparece. Y eso no es intrínsecamente malo, pero estamos hablando de un anime de acción, con escenas durísimas, y que no duda en hundir a Subaru y al resto en el fango. Todo eso da igual, si al final se sabe el truco.

   Ni siquiera están presentes muchos de los personajes que hemos conocido: la mitad de ellos se han quedado por el camino, con sus tramas sin cerrar, completamente olvidados tan solo porque no son ni Subaru, ni Rem, ni Emilia. Roosewalt pasa absolutamente de todo, Beatrice sigue siendo un auténtico misterio y a Felt se la ha tragado la tierra.

  El antagonista, que pese a tener mucho potencial y de los pocos que tiene más de una línea de diálogo bien escrita, ha aparecido de la nada al final del segundo tercio, no parece estar nunca ganando terreno, nunca parece estar cerca de lograr un objetivo claro mas allá del de “matar al que esté delante”.

  Y esa es la principal grieta de Re: Zero: objetivo. No es solo que no sepamos por qué Subaru llega a donde llega, por qué tiene esos poderes, ni cuál es el propósito del Culto de la Bruja mas allá de gritar cómo les tiembla el cerebro. Es que nadie, absolutamente nadie, se pregunta por ello. Las cosas ocurren sin que parezca haber nada que las relacione, mientras todo el mundo espera sentado a que se dispare el siguiente evento que haga avanzar la trama. ¡La principal antagonista de la historia ni siquiera hace aparición! Tal vez sea por su naturaleza de adaptación (la serie solo abarca el prólogo de la obra original), pero, en lugar de buscar una meta, Re: Zero espera a la siguiente patada de guión que desplace a Subaru hasta la próxima escena sangrienta en la que podamos fingir que sentimos empatía por él.

¿Por qué Subaru hace lo que hace? 

¿Por... Emilia?

¿Por que será que no me lo creo?

  Y lo peor es que Re: Zero no es mala. Su realización está por encima de la media, y su dirección artística, aunque sencilla y tópica, es efectiva. Ciertos detalles de guión son excelentes (como Rem sonriendo al ver cómo le cortan el cuerno a su hermana), sus escenas de acción son sólidas, y hay momentos realmente fuertes. No hay nada que realmente te haga querer no verla. Hace cosas “bien” y cosas “regular”, pero… nada más.

 

  Re: Zero parte de una base increíblemente robusta, pero se va construyendo de manera irregular. Más que una historia coherente, más que un todo, parecen retazos de buen guión grapados entre sí como cuadraba, siendo todo lo que hay en medio una excusa para dirigirnos hasta el siguiente momento de quedarnos con la boca abierta. Promete, pero no da nada que no hayas visto antes, y acaba cayendo en los clichés que ella misma dice pretender evitar.

 

  Entiendo que haya gente a la que le guste, y yo mismo la he disfrutado (hasta cierto punto): que te sorprendan siempre mola. Pero Re: Zero no deja de ser una amalgama de buenas ideas mal ejecutada, que requiere al espectador olvidar muchos momentos mediocres para quedarse solo con los pocos sobresalientes. Pero eso es hacer trampa.

  Al final, el no saber hacia donde se dirige, y el obsesionarse con ser distinta apoyándose solo en sus cuatro grandes escenas, hace que piense en Re: Zero con la más aberrante y odiosa frase pensada jamás por el hombre.

  “No fue para tanto”.

 

 

#TeamRem. Obviamente.

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