Sí, 4 y además fantásticos

El número uno de Los Cuatro Fantásticos data de Noviembre de 1961, y fue obra de dos autores ya curtidos, el guionista Stan Lee y el ilustrador Jack Kirby. Sin embargo, esa fecha constituye un verdadero año cero en sus carreras y un punto de fuga al que inevitablemente apunta la historia del género de los superhéroes.

No debemos llevarnos a engaños mitómanos, y reconocemos que estos números iniciales carecen del impacto o la perfección que alcanzará la serie a la altura de 1966, verdadero cenit creativo. Aquí apenas se esbozan unos personajes tópicos, caracteres prestados de una tradición pulp, poderes robados a otros personajes e historias sencillas cuando no esquemáticas. Pero hay un germen ya, y un paquete de ideas novedosas que crearán escuela: la idea del grupo-familia, las continuas desavenencias internas entre los héroes, el carácter complejo de éstos (en comparación con las estatuas andantes que eran Superman y sus muchas imitaciones de la edad de oro), un sentido de la aventura más grande que la vida, algunos villanos con enorme potencial como ese primerizo Doctor Muerte o la recuperación de Namor, monarca del reino submarino… pronto la febril imaginación de Lee creó nuevos personajes siguiendo estos patrones, hasta desarrollar un universo de colecciones (con Spiderman, Hulk, los X Men, Daredevil y muchos más) que confirmó el mayor imperio editorial de la industria del cómic, la Marvel.

Bien, todo eso empieza con cuatro intrépidos héroes que son sacudidos por los rayos cósmicos, origen de sus fantásticos poderes. En Noviembre de 1961, concretamente.

Panini edita con primor aquellas aventuras inaugurales, una oportunidad magnífica para hacerse con un clásico.

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