Siglo XXIV, por fin la Tierra consigue formar parte de la ODI

Guión: Runberg

Dibujo: Pellé

Orbital aglutina en su argumento buena cantidad de los clichés de la ciencia ficción vertiente Space Opera: en un lejano futuro la raza humana, por fin y no sin el recelo de algunas potencias extraterrestres, consigue entrar en la organización interplanetaria ODI, una suerte de ONU a niveles cósmicos. Este punto de partida acarrea confabulaciones y complots imperiales, misiones diplomáticas a explotaciones mineras en lunas de lejanos sistemas solares, y, en fin, un marco para que se cuelen numerosos homenajes (a Valerian, a la saga de La Guerra de las Galaxias, a Bilal, a Alien, el 8º pasajero…).

Lo mejor de todo es que los autores demuestran conocimiento y respeto por el género de la ciencia ficción, y soltura al manejar sus mimbres. La historia es tan solo un planteamiento, cierto, pero como tal resulta sólido, crea un universo en que desarrollar posteriores acontecimientos (al llegar a la última página se intuye un cambio de tono para su continuación, más vertiginoso) y no descuida unos personajes que podrán dar mucho juego (especialmente Mezoké Izzua, embajador/a de una raza donde sus atributos externos no implican una pista sobre su identidad sexual).

Por tanto, el guión es un inteligente inicio para una saga que apunta maneras, que maneja distintos hilos argumentales sin hundirse, que peca, cierto, de unos diálogos pelín redundantes y/o explicativos, pero que no llegan a molestar en exceso.

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