El abogado ciego da con sus huesos en la cárcel

Daredevil de Brubaker y Lark (serie regular, números 12 a 17)

El guionista Brubaker es un excelente artesano y, a juzgar por su obra, un tipo inteligente. Su predecesor, un controvertido Brian Michael Bendis, puso a Murdock al borde de la cárcel, en la cárcel misma, de hecho. Tenía, por tanto, este punto de partida: el abogado, acusado de ser el enmascarado, entre rejas y rodeado de todos sus enemigos, presionado en todos los frentes (tanto como justiciero como en su faceta pública de abogado defensor). Por tanto la nueva etapa mantiene a Daredevil contra las cuerdas, más que nunca, de hecho, pero centrando su labor en crear un ejercicio de estilo, un relato carcelario tenso, vibrante y claustrofóbico. En los seis primeros números de la serie a cargo de Ed Brubaker asistimos a eso, a una historia de cárceles, de vigilantes corruptos, agentes del FBI con intereses poco limpios, y a toda la tropa de enemigos del superhéroe encerrados en el mismo lugar que el ciego (quien por cierto sigue manteniendo su inocencia, esto es, manteniendo su identidad secreta como indefenso ciego en medio de toda clase de depredadores).

El resultado es, para quien firma, la mejor etapa de Daredevil desde Miller: se reconoce al héroe y sus circunstancias, y nos lo sirve en una historia y un tono que resultan frescos (de serie B, de peli barata "“y buena aunque humilde- de los cincuenta).

A todo lo dicho sumamos un Michael Lark a los lápices (y tintas ocasionales) que nos regala uno de sus mejores trabajos, atmosférico, oscuro, opresivo.

En resumen, este Daredevil es uno de los mejores tebeos de superhéroes que podemos leer hoy, desgraciadamente lastrado por una política editorial que hace compartir la serie con un complemento, un trabajo mediocre de David Lapham (autor, no obstante, de la excelente Balas Perdidas, cuyas cualidades brillan por su total ausencia en su Daredevil vs Punisher).

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