Hoy por hoy, y basta con ver los escaparates de la tienda, nos encontramos con multitud de juegos de mesa diferentes, con una complejidad que los no-frikis apenas atisban a comprender. Sólo diré que el reglamento completo de Magic es mucho más extenso que las 7 constituciones españolas juntas. Telita. Sin embargo, desde que el hombre alcanzó un mínimo de inteligencia, siempre buscó actividades en las que ocupar su tiempo de ocio, especialmente la nobleza, a la que le sobraba de esto. En este artículo hablaremos de los juegos de mesa a través del tiempo; en el próximo, complementario a éste, comentaremos lo que supusieron las cartas, desde su aparición en la Edad Media hasta el nacimiento en 1993 de una nueva forma de entenderlas.

 

 

Prehistoria y Edad Antigua

El juego más antiguo que se conoce sigue siendo bastante popular en algunos lugares, y es parte integrante del celebérrimo recopilatorio de los “Juegos Reunidos Geyper”. Me refiero, como no, al Backgammon, cuya primera aparición data de en torno al año 3.000 antes de Cristo.  Un juego muy parecido al actual Backgammon fue encontrado en la ciudad mesopotámica de Ur, en lo que hoy es Irak. Este juego, conocido como el “Juego real de Ur”, consistía en un tablero, tres dados  tetraédricos y siete fichas de cada color, blanco y negro, y ganaba el jugador que consiguiera dar la vuelta con sus fichas antes que el otro, con la posibilidad de, como en el parchís, “comer” a las del otro. El tablero es un poco diferente, pero la idea es la misma:

Del mismo modo, también existía en el antiguo y faraónico Egipto otro juego semejante, el llamado “senet”, que también consistía en una carrera con fichas alrededor de un tablero. En esta instantánea de la época podemos ver a la reina Nefertari pasando una calurosa tarde de agosto jugando un solitario de senet mientras ahuyenta a los insectos con un gigantesco matamoscas: 

Si nos fijamos, que existieran juegos como el de Ur y el senet implicaba, necesariamente, que hubiera dados. Y esto nos lleva a otra cuestión: ¿existían, simplemente, juegos de tirar los dados? ¿cómo eran esos dados? Ya hemos observado que en juego de Ur los dados eran piramidales; los del senet, por su parte, eran semejantes a los dados de 6 caras a los que estamos acostumbrados. Pero hablar de dados en la Antigüedad implica, necesariamente, hablar de Roma.

Los romanos, herederos de los griegos, y con unos hábitos de vida bastante licenciosos, eran unos expertos en lo que a creación de juegos se refiere. Perfeccionaron el senet, creando su “juego de la tabula” y se conserva el registro una gran cantidad de juegos infantiles con todo tipo de objetos: cuerdas, pelotas, rodillos, etc. Y, para los adultos, también. En los yacimientos arqueológicos de emplazamientos militares romanos, es muy habitual encontrar dados y cubiletes, por lo general, de 6 caras, pero no exclusivamente. Para relajar tensiones, los soldados que no estaban de guardia en ese momento, solían jugarse parte de sus salarios a los dados con sus compañeros. Lo más habitual a lo largo de la historia (y lo veremos al hablar de la Edad Moderna) era que los juegos implicasen la apuesta de dinero, especialmente entre las clases bajas, para darles emoción. Os voy a enseñar dos imágenes de dados romanos:

En la primera podemos comprobar que los dados romanos son el ancestro directo del que usan nuestras madres en las estivales partidas de la oca en Samil, mientras que en la segunda... ¿es un dado de 20 caras? Efectivamente, lo es. Son difíciles de encontrar, pero a veces aparecen, y no hay registros documentales que expliquen su utilidad. Se cree que se usaban para temas adivinatorios y religiosos, relacionados con los cultos a Isis y otras sectas por el estilo, pero nada lo confirma por el momento. 

 

Edad Media y Edad Moderna

El juego medieval por excelencia es, sin duda, el ajedrez. Se cree que su origen está en La India, y que luego pasó a la cultura musulmana, a partir de la cual se introdujo en Europa. Cuenta una leyenda que un individuo indio enseñó a un poderoso emir el juego y éste, muy agradecido, le ofreció al profesor el deseo que él quisiera. Entonces éste le pidió una cantidad de trigo basada en el tablero del ajedrez: empezábamos por un grano de trigo y, por cada casilla, se iba duplicando el número de granos. El emir, que consideró que el premio era muy pequeño, ordenó a sus consejeros que así se hiciera, pero éstos le respondieron que no había trigo suficiente en el reino para satisfacer tal cantidad (2^64 granos de trigo)

Dejando las leyendas aparte, lo que es cierto es que la conquista musulmana de la Península Ibérica trajo consigo la llegada del popular juego a Europa, cuya popularidad continúa a día de hoy. Vamos a detenernos en la figura del alfil. Hasta hace bien poco tenía la idea de que “alfil” era algún tipo de cargo militar musulmán, pero en realidad no es así. El origen de la palabra es persa: al-fil, “el elefante” (como la palabra persa mar-fil), y así quedó en el vocabulario árabe y luego en el castellano, a pesar de que el modelado de la figura cambió. Curiosamente, en otras lenguas europeas, esta pieza cambió de nombre, para asimilarla a  un concepto real: así, en Francia es llamado el “bufón”, o en Alemania el “arquero”. Para los países anglosajones es el obispo (bishop), lo que explica que su símbolo:


Uno de los ajedrecistas más famosos del panorama europeo medieval fue el rey castellano Alfonso X, “el sabio”, que reinó entre 1252 y 1284. Bajo su reinado se habló del “Toledo de las tres culturas”, en el que cristianos, musulmanes y judíos vivían bajo un clima de amistad y colaboración. Alfonso X jugaba con otros nobles en su tiempo libre, y llegó a escribir un libro acerca de estrategia ajedrecística, el llamado “Libro del ajedrez”, en el que relataba sus partidas. Hace unos años, cuando estudiaba paleografía durante la carrera, me tocó transcribir una parte de ese libro, y resultaba bastante gracioso: el rey te planteaba una situación en la que él iba a ganar, y te preguntaba si sabías cómo resolverla. Después, te explicaba cómo se resolvía la partida. Como curiosidad, e interesante saber que en el siglo XIII, la figura de la torre se llamaba “roque”, de forma que la jugada actual del “enroque” tiene más sentido.

En contraposición al ajedrez, paradigma de la estrategia, nos encontramos con que la Edad Media trajo también al juego más azaroso del mundo, que es el juego de la oca. En contraposición al ajedrez, que era un juego más propio de la nobleza y la gente culta, el juego de la oca, que implicaba apuestas, era mucho más habitual en las tabernas y las posadas. Y lo siguió siendo a lo largo de toda la Edad Moderna, a pesar de los constantes ataques de la Iglesia. Aunque esto se nos excede del marco cronológico, no puedo dejar de mencionar un bando de la alcaldía de Santiago de Compostela que leí en su momento, fechado creo que en torno a 1817. En ese bando se prohibía expresamente el juego de la oca en la ciudad, ya que era fuente de muchas disputas en las tabernas, y a veces se llegaba a los puñales y a los duelos. He aquí un juego de la oca mallorquín del siglo XVII:

El Renacimiento, además de la Capilla Sixtina y el Ornitóptero, también nos trajo un nuevo juego, también muy azaroso, que es el parchís (siglo XVI). Nuevamente son los indios los que están detrás del juego, cuya ambientación es de todo menos educativa. El juego consiste en que cada jugador es un traficante de esclavas sexuales que tiene conseguir venderle sus cuatro productos al rajá, que está en el centro del tablero. En su camino al harén, las pilinguis se matarán unas a otras para evitar que las competidoras lleguen antes.

 

Siglo XX

Los juegos de mesa actuales, desde el Catán a La venganza de tía Ágata, con esa ambientación diferente, modelado de figuras y hasta uso de cartas como complemento tienen como antecedente un juego de mesa nacidos a finales del siglo XIX, el “Landlord's Game”, de Elizabeth Maggie, cuyas primeras versiones impresas, muchas de ellas sin el consentimiento de la autora, aparecieron en los primeros años del siglo XX, causando un verdadero furor entre los estadounidenses. El juego consistía en un tablero cuadrangular con distintas casillas, representando cada una de ellas un territorio, que se podía comprar y vender mediante unos billetes falsos que se repartían al empezar. Si un jugador caía en una de esas casillas, tenía que pagarle a su dueño un dinero ficticio, que iba incrementándose en función de lo avanzada que fuera esa casilla. Sí, efectivamente, estamos hablando de lo que unos años más tarde se conoció como Monopoly.

Un pícaro llamado Charles Darrow tuvo la idea de patentar una versión del juego en 1935, con un rotundo éxito, rebautizándola con un nombre más comercial, Monopoly. La empresa Parker Bros. (actualmente, como Wizards, en manos de Hasbro), dedicada a la venta de juegos de mesa (oca, parchís, naipes y algunos juegos de mesa rudimentarios) decidió comprarle su patente y, en plena Gran Depresión, consiguió unos niveles de ventas sorprendentes, que se mantienen hasta la actualidad. El libro Guiness de los récords reconoce, en 1999, al Monopoly como el juego de mesa con más jugadores de la historia, que se estima en 500 millones de jugadores.

Y hasta aquí por hoy. Me dejo muchos juegos en el tintero (dominó, Cluedo, Risk...) pero no quiero aburriros. ¡Espero que lo hayáis pasado bien!

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