Un lugar sensato en un mundo sensato

A mediados de los ochenta Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons) y Batman: el regreso del señor de la noche (Frank Miller) revolucionaron los tebeos de superhéroes al aportar una mirada adulta y poliédrica a los justicieros disfrazados. El impacto fue inmediato, surgiendo un puñado de cómics que siguieron su estela: héroes oscuros y violentos, relatos de estéticas novedosas, complejidad narrativa... y todos contentos. Por fin podíamos leer supercachas y no avergonzarnos secretamente, pues aquello "tenía chicha".

En 1989 Grant Morrisson, guionista puntero dentro de la llamada "invasión británica" que había propiciado el éxito de Alan Moore, y el ilustrador Dave McKean, discípulo de los delirios pictóricos de Bill Sienkievicz, unieron talentos para hacer Arkham Asylum: un lugar sensato en un mundo sensato. Sin duda, de todo lo que vino al rebufo de las obras (seminales, de lectura más que recomendable) de Moore y Miller, este tomo de lujosa presentación fué el que más ríos de tinta provocó, y de los más exitosos.

La novela gráfica reunía todos los tópicos de la época: tono adulto, experimentación gráfica, poso literario, desmitificación de iconos pop, exploración de nuevos formatos; nada de grapas, aquí tenemos una señora tapa dura con sobrecubiertas... y todas las páginas que se necesitaran para desarrollar la historia.

¿Y la historia? Pues Arkham Asylum nos narra cómo, en la prisión donde acaban los psicóticos enemigos del hombre murciélago, éstos se amotinan y secuestran al personal, amenazando una masacre humana si el oscuro superhéroe no entra al lugar. Al tiempo, se indaga en el pasado del edificio y de su creador, el doctor Arkham, que lo fundó como manicomio. Un pretexto, en fin, para ahondar en la psique del héroe y los villanos, y en la locura de un modo general, entendida desde una óptica malsana, claustrofóbica.

Sin duda el grafismo de McKean es lo más destacable, su impacto plástico, su ocurrente inventiva (ese Batman, apenas una sombra vaporosa, desdibujada), sus asfixiantes collages... es fácil asombrarse ante su talento expresionista. Lástima que en el camino la narrativa se vuelva, en demasiadas ocasiones, confusa. El guión de Morrison, por su parte, lleva al límite al género, pero donde mejor brilla es en el oscuro retrato victoriano del doctor Arkham, antes que en la efectista (y algo vacua) mirada sobre unos iconos (Batman, el Joker, dos Caras...) demasiado fáciles de deconsturir.

Planeta de Agostini edita en formato gigante, de lujo (ya saben: extras, bocetos... alforjas para el viaje), este cómic sin duda tan irregular como representativo de una época, y del que, al menos, aseguramos un paseo visual que no olvidarán.

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