Testear es una práctica con múltiples entresijos que quizás no conozcas, o a los que no prestes la atención necesaria. Es por eso que desde mi totalmente indocumentada y fantasiosa posición, pretendo abrirte los ojos, oh jugador ignorante, de la importancia del noble arte de entrenar para un torneo, a modo de metafórica colleja que te saque de la comodidad de echarle siempre la culpa a la mala suerte.

Para empezar, igual no sabías que la palabra realmente existe. Yo no, desde luego, pensaba que era un término adoptado del inglés al neospanish, estilo resetear, pero resulta que está contemplado en la RAE. Qué cosas. Fuera de asuntos semánticos, procedo a enumerar una serie de puntos que considero los principales errores a la hora de acometer sesiones de testeo.

1) No testear

Are you fucking kidding me?
Éste es importante. Siempre se resaltan esos casos de uno que llega a un torneo, le dejan un mazo el mismo día y parte la pana. O ese que va a un Pro Tour, hace Top 8 y cuando lees el profile el fulano suelta que apenas jugó el mazo y blablá (de estos especímenes me creería LO JUSTO).

Esta suerte de american dream está muy bien para leer a modo esparcimiento, pero has de tener en cuenta que por cada espíritu libre que grela en estos términos, hay un montón que no lo hace. Y es mucho más común que los pobladores habituales de los Top 8, a todos los niveles, sean gente que ha dedicado su tiempo a practicar con su baraja (y con las de los demás, como veremos a continuación).


2) Olvidarse del banquillo

Greater Realm of Preservation

Y no me refiero a dejárselo en casa el día del torneo. Una ronda se juega al mejor de tres partidas, banquilleando a partir de la segunda. Eso quiere decir que, como mínimo, el 50% de las partidas que juegues lo harás con y contra cartas de esas 15. Probablemente más, ya que alguna ronda te irás a la tercera partida. El banquillo es fundamental a la hora del testeo ya que te prepara para entender como debes enfrentarte a cada estrategia, hasta que punto tienes o no cerrada una partida en un momento dado y el impacto de las cartas banquilleadas en el juego.

Practicar con banquillo da información “bidireccional”: sirve para saber cómo jugar con las cartas que tú has añadido y contra las que crees que el oponente ha añadido. Por ejemplo, practicar con Dredge sin tener en cuenta el hate que te metan en la segunda partida es algo suicida, ya que te tirarás a dragar a lo loco para ver como en el turno antes de combar una Tormod’s mal clavada te pone mirando a la meca. En ocasiones, incluso, la estrategia de un mazo cambia totalmente tras banquillear, pasando de jugar agresivo a control o viceversa.


3) Practicar solo con tu mazo.

Está claro que el mazo que mejor debes conocer a la hora de afrontar un torneo es el tuyo. Por algo es el que lleva las cartas que tendrán impacto en tus partidas sí o sí. Claro que también es tremendamente provechoso jugar lo máximo posible con los mazos más habituales del formato o lo que al menos te esperas encontrar (más sobre esto un poco más abajo). Hasta que no la pruebas/sufres tú, realmente no sabes cuán vulnerable es una estrategia al descarte, al removal masivo, a fallar un land drop… conocer estos “detallitos” proporcionan una gran ventaja, ya que te indican cuando cambiar tu rol en la partida, de controlar a pasar al ataque, si es buen momento para combar o si hay que seguir atrincherándose como un cobarde.


4) No tener en cuenta el metagame.

Por último, el dichoso metagame. Normalmente no existe el mazo perfecto, ese que lleva las de ganar contra cualquier otro en el formato. Cuando esto pasa, Wizards no tarda mucho en meter tijera a las cartas que generan ese dominio. Por eso debes asumir que el mazo que juegues tendrá emparejamientos complicados, otros favorables y otros fifty-fifty. Y enfocar el testeo en los más duros, orientando la composición de tu lista principal y banquillo a mejorar tus posibilidades contra esas estrategias, diezmando lo mínimo tu ventaja contra las más asequibles.

Para ello, durante el testeo debes identificar los mazos más jugados, probar cómo funciona el tuyo contra ellos (y ellos contra el tuyo) y actuar en consecuencia. A este respecto, eso de identificar lo más jugado tiene también su enjundia. No es tan rápido como entrar en internet, consultar las listas de los últimos torneos importantes y a correr. En un mundo mágico donde todo el mundo tuviese todas las cartas podría ser así, pero eso no sucede. Por ejemplo, si vas a asistir a un Legacy en Mazinger y ves que en los tres últimos SCG Open triunfan los mazos de Time Spiral con Candelabras, por lo que llenas tu reserva de hate contra ese mazo, lo estás haciendo mal, ya que (mientras escribo esto al menos), no hay constancia de que nadie se haya hipotecado para conseguir el artefacto de Antiquites. De la misma forma, consultar torneos físicos para preparar un torneo en el MTGO puede inducir a error, ya que en la plataforma online la tendencia es que el número de mazos más asequibles económicamente sea mucho mayor.

Candelabr Of Tawnos

Así finalizo esta disertación plagada de obviedades sobre el testing. Si bien hay un alto porcentaje de perogrulladas en lo expuesto, son de estas que muchas veces si no te las dicen tiendes a obviarlas, como esa madre preocupada que le dice al hijo “Abrígate que sino vas a coger frío”.

Espero seguir desbarrando del tema en futuros artículos. Mientras tanto, que el Shuffler God os acompañe.

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