Hay que reconocerle a Wizards el esfuerzo por documentarse para crear una ambientación del bloque Theros acorde con la antigua Grecia. Había escrito dos artículos previos mostrando, efectivamente, como algunas cartas eran recreaciones de mitos y de realidades del pasado helénico. En esta segunda expansión, que es más pequeña, también incluye referencias, aunque menos. Estas son las que he encontrado: 

Obstinación nefasta: el mito de Narciso

Narciso era un joven muy atractivo. Todas las doncellas que lo veían, se quedaban prendadas de él, pero siempre las rechazaba porque no lo impresionaban. Hasta que un día vio su propio reflejo en un lago y se quedó absorto: se había enamorado de sí mismo. Estaba tan enamorado de su propio reflejo – que no podía alcanzar – que no se levantó de allí ni para comer ni para beber, por lo que murió. De ahí viene tanto el nombre de una flor excepcionalmente bella, como el término “narcisismo”, que se refiere a la cualidad de complacerse excesivamente de los bienes o cualidades propias.

 

Arquetipos: las ideas de Platón

En Born of the Gods hay un ciclo de criaturas encantamiento, los arquetipos, que dan a todas las criaturas que controlas una habilidad, según el color. Estas criaturas “enseñan” la habilidad a las demás, son un modelo para ellas (un arquetipo es, según la RAE, “modelo original y primario en un arte u otra cosa”). El filósofo Platón, allá por el siglo IV a.C., defendía la existencia de una región más allá de las estrellas, el “Mundo de las Ideas”. Allí habría arquetipos, ideas originales, de cada cosa: de una mesa, de la bondad, del hombre, etc. En la Tierra solo habría versiones deformadas de esos arquetipos, un quiero y no puedo. En Born of the Gods, esos arquetipos salen del Mundo de las Ideas (el Nyx) y eliminan la corrupción de las criaturas.

Directo al ojo: Odiseo y Polifemo

Odiseo (Ulises para los romanos) fue un rey griego que combatió en la Guerra de Troya, recogida en la Ilíada, y que luego tuvo un difícil regreso a casa en la Odisea, libro titulado así por el nombre de su protagonista. Uno de los episodios más conocidos es el del cíclope Polifemo: Odiseo y sus hombres habían encallado en una isla habitada por cíclopes. Polifemo, uno de ellos, los capturó y los encerró en su cueva. Mediante una argucia, Odiseo y los suyos consiguieron emborracharlo y dormirlo; después, le clavaron una lanza en su único ojo (como en el grimoso instantáneo) para cegarlo. Disfrazados de ovejas – para despistarlo al tacto – consiguieron huir.

 

Gualdo: la maldición de Midas

Midas era un rey al cual, según la mitología, el dios Dionisos le concedió el don de convertir todo lo que tocase en oro. En un primer momento, fue estupendo para él: tocaba piedras, mesas, árboles, copas... Las riquezas lo inundaban. Luego, este poder empezó a suponer una molestia: dormía en una cama de oro macizo bastante incómoda, su caballo – como el pegaso del Gualdo – dejó de servir como montura y su cepillo de dientes lo abandonó para siempre (adaptación contemporánea; los griegos no se lavaban los dientes). Finalmente, se hizo insoportable al no poder llevarse la comida a la boca. Midas le rogó a Dionisos que le retirara el don; este le indicó que debía lavarse en el río Pactolo, en la actual Turquía, el cual posee minas auríferas que justifican el mito.

 

Orniconte: el carro de Helios

Para los antiguos griegos, el sol era una gran bola de fuego que daba vueltas alrededor de la Tierra tirada por el carro del dios Helios (que no Heliod, el de Theros, relacionado con este en nombre y atributos). A pesar de que la infrecuente altamente picable no conduce al sol, sí que se puede apreciar que está justo detrás, iluminando su figura. El carro, por su parte, es el típico modelo antiguo de dos ruedas, conocido ya por las antiguas civilizaciones mesopotámicas.

 

El peso del Inframundo: el castigo de Atlas

Atlas, según la mitología, era un titán castigado por Zeus por su papel en la guerra contra los dioses.  La condena fue la de sostener sobre sus hombros y para la eternidad los pilares que separan la Tierra del cielo. Se supone que el titán estaría en África, en la llamada cordillera de Atlas (bautizada así por la leyenda). Aunque en realidad no sujeta el mundo, las representaciones artísticas que se hacen de él, suelen ser semejantes a las de El peso del Inframundo: con una bola a sus espaldas.

    Síguenos en Facebook