En este libro, Miguel Gallardo, acostumbrado a comunicarse visualmente con su hija María, quiere transmitirlo a sus lectores como si nosotros fuéramos ella y a través de sus dibujos entendamos su mensaje simple y breve de una manera inequívoca.

MAR͍A Y YO, de Miguel y María Gallardo

Ed Artibelli

Entre el relato, el libro de ilustración y la historieta, Miguel Gallardo nos ha regalado la más hermosa historia de amor: la de un padre por su hija autista, María (que se acredita, con toda justicia, como coautora). Y el lector se siente ante un trabajo de esos, demasiado pocos, que le hacen aprender, crecer, y contemplar la vida, incluso con sus pequeñas/grandes piedras, como un camino que siempre merece la pena. Lo merece para Miguel Gallardo, lo merece para Maía Gallardo. Incluso para esas personas que miran a María de reojo, mezquinas o ignorantes, y que deberían ser la primeras en leer este libro.

Gallardo despliega en María y yo todo su talento, el de uno de los más notables autores patrios, a una altura que pocos conocen. Sus páginas son armónicas, desprenden una sabiduría remarcable en el empleo de gotas de color, esos significativos subrayados de rojo que expresan ideas con más claridad y pureza que cualquier birlibirloque literario o refinamiento gráfico. Ideas sencillas pero elaboradas, plasmadas de un modo sencillo pero elaborado: en María y yo forma y fondo se compenetran, de modo que en definitiva, y como debe ser,odo es fondo, todo es mensaje.

Pero si hablamos exclusivamente del cómo, de la forma, remarquemos la facilidad de Gallardo para transitar de la historieta clásica al relato ilustrado, y de cómo fluye la lectura, incluso cuando sabemos que hay algo de collage abrupto en estas páginas. Miguel y María (lo verán si leen el tebeo) tienen sus propios códigos de comunicación, especiales, suyos. Uno es el dibujo. Miguel dibuja continuamente para su hija. Dibuja las personas que los rodean, las que María recuerda, personas y más personas, reales, que llenan el folio. No es parte de ninguna obra, no son parte de María y yo, no son, en principio, dibujos con destino perdurable. Pero al introducirlas en la narración, cobran un nuevo sentido, son parte del todo, ilustran y cuentan tanto como los párrafos, delicados, desenfadados, coloquiales. O como las viñetas, arte en el que sobran los elogios para el padre espiritual (y material) de una forma de entender la historieta en España.

Pero cerremos olvidándonos de los tecnicismos y recorriendo de nuevo los caminos de la emoción. Si con María y yo no sienten un leve escalofrío (hay quien lloró, se lo juro, de emoción casi alegre), si no ven la tierna poesía, el gozo y el sufrimiento que pesa sobre cada página, háganselo mirar, empezando por el cardiólogo.

Ah, no podía editarse mejor: un precioso objeto.

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