Una de las cosas que todo jugador de Magic debe plantearse en, por lo menos, algún punto es por qué juega a este juego. La respuesta a esta pregunta variará según la persona, de hecho, variará incluso según en qué momento hagamos esta misma pregunta a un mismo individuo. Al fin y al cabo nuestras prioridades en la vida cambian, esto no debería ser diferente para este juego.

Quien, como yo, juega con el único propósito de divertirse (propósito tanto o más lícito que cualquier otro) tiene la ventaja de poder disfrutar de los pequeños torneos. Si la diversión no va ligada al premio, lo único que importa es jugar. Por el contrario, hay otras personas que son competitivas hasta la médula, los jugadores a los que verás viajando de un torneo a otro y cuya principal prioridad es obtener la victoria. Esto no significa que Magic no les guste, todo lo contrario, pero para ellos diversión y victoria van de la mano.

Juegues por la diversión o por la gloria. Deberías asegurarte de enfocar el juego de la forma correcta, y mucha gente no es capaz de comprender lo importante que es tener la mentalidad adecuada; al fin y al cabo, es de lo que más ligado está a unos buenos resultados a largo plazo. E incluso los jugadores recreacionales queremos ganar: que no sea nuestra máxima prioridad no significa que nos guste perder.

 

La estadística es tan importante como cruel

¿Sabéis una de las cosas que hace que los pros sean pros? Juegan en todas las circunstancias para maximizar sus outs y, al mismo tiempo, minimizar los outs de su oponente o el impacto de los mismos (para los que no lo sepáis, la palabra out es una palabra de habla inglesa que significa “cartas que valen en una situación dada”; puesto que es mucho más corto, será el término que utilizaré de ahora en adelante). Omitir este principio es un error garrafal en sí mismo. Todas y cada una de nuestras decisiones han de tomarse siguiéndolo si realmente queremos maximizar nuestras posibilidades de victoria. 

Otra lección importantísima que aprendemos por el método empírico es que la varianza es cruel. Podríamos jugar cada partida perfectamente y, aun así, pillar catastróficamente en todos los torneos en los que participásemos. Esto no es imposible: tan solo increíblemente improbable. Y no podremos hacer nada para evitarlo, pero sí para ganar con la suerte que tengamos. Si, para cuando el reloj dé ronda, has enfocado todos y cada uno de tus pensamientos en la partida, y no has desperdiciado ni un segundo en lamentarte de tu mala suerte ni de la “buena suerte” del otro, entonces te habrás dado a ti mismo una ventaja competitiva con respecto a una inmensa parte de los jugadores del torneo.

 

La práctica hace al maestro, pero no cualquier práctica hace a cualquier maestro

Simplemente a fuerza de jugar se mejora, salvo que partamos de una base de cero autocrítica y dándole nula consideración a la parte matemática del juego (hablaré más sobre esto más adelante), pero ¿alguna vez te has parado a pensar qué estás mejorando?

A grandes rasgos, hay dos grandes áreas que puedes mejorar con práctica: tu juego con una estrategia en particular o tu juego básico de forma general. Jugar siempre un mismo mazo - o estrategias muy parecidas - hace que te acostumbres mucho al modelo de pensamiento correcto para afrontar las partidas y situaciones que se te presenten de forma mucho más eficaz. ¿Te has fijado alguna vez en que los jugadores que juegan una y otra vez el mismo mazo son oponentes que en poco tiempo mejoran mucho y se vuelven difíciles de vencer, pero luego se estancan? No es casualidad. Un oponente que juega la misma estrategia sin parar se terminará por acostumbrar a ella, y cuando lo haga tiene muchas ventajas ganadas. No obstante, una vez ya dominamos un mazo, no hay mucho más que podamos hacer para mejorar nuestro juego. Sí, todavía podemos trabajar y mucho en visión de juego, lecturas y un largo etcétera. Pero la mejor manera de trabajar estos aspectos generales es jugar de todo, ya que conociendo todos los mazos, nuestra visión de juego aumenta muchísimo, puesto que sabemos qué es lo que nuestro oponente intenta hacer. Esta práctica no trae buenos resultados a corto plazo, pero es la única forma realista de trabajar las bases.

Además, jugar de todo también tiene sus ventajas. Si mañana hubiese un torneo, en general los mejores jugadores que conozco me darían mucho miedo como oponentes en primera ronda. No sé qué van a jugar porque, literalmente, son capaces de jugar cualquier cosa y, además, seguramente lo hagan bien. Quizás no perfecto, puesto que el grado de perfección y refinamiento con un mazo es lo que les va a permitir tal hazaña. Pero, desde luego, con “bien” es más que suficiente.

  

Tu oponente también juega

 Otro error increíblemente común y, probablemente, de los que más diferencian al trigo de la paja, es no reaccionar adecuadamente a las acciones de tu oponente. Con “reaccionar” no me refiero a jugar cartas reactivas a lo que él te está jugando, sino ser capaz de pensar que tu oponente hace algo más que tirar cartas sobre la mesa de forma aleatoria. Estás jugando contra otra persona que quiere ganar tanto como tú, y como tal intenta con sus razonamientos, mejor o peor, llevarse la partida. Sea lo que sea que está haciendo, mejor o peor, lo hace por alguna razón y ser capaz de distinguir qué puede estar pasando requiere conocimiento tanto del mazo del oponente como del mismo oponente. Salvo en casos donde realmente sea obvio, claro.

Un ejemplo que vi recientemente: En una partida de Modern, 2ª partida, un jugador de Abzan le hizo un Thoughtseize de turno 2 a su oponente, quien jugaba Burn. Le mostró una mano de 3 tierras, Boros Charm, Lightning y Combust, tras haber hecho Montaña - Lava Spike de turno 1. Tras pensar, el jugador de Abzan decide quitar el Boros Charm. El jugador de Burn juega su tierra y pasa turno. Entonces el de la Abzan juega una Anafenza, a la que el de la Burn decide hacer Combust de inmediato antes de perder la carrera irremediablemente.

El siguiente turno, el jugador de Burn robó un Goblin Guide, pero bajó tierra y dio turno, sin más. El jugador de Abzan, entonces, bajó Shockland enderezada para jugar un Siege Rhino. El de la Burn sonrió y jugó unas flamas de la mano sangrienta que había robado el turno anterior.

No es la jugada más espectacular que habréis visto en vuestra vida, pero cuando yo la vi, me di cuenta de que el jugador de Burn era un jugador muy sólido: no jugando Burn en particular, sino a Magic en general. Si no pensamos en nuestro oponente, la jugada obvia es bajar el Goblin Guide ahora que está girado y arañar esos dos daños, puesto que puede que luego no seamos capaces. Pero el jugador de Burn había ido más allá: si su oponente tenía intención de jugar una Anafenza ¿por qué no quitó el Combust con el Thoughtseize? Necesariamente, si está eligiendo esa línea es porque tiene que tener un Rhino en mano y su prioridad es no morir antes de jugarlo. Anafenza es simplemente un cebo para hacerle gastar a su oponente un Combust: el Rhino es lo que realmente le importa y desde el principio había trabajado la partida para ello. El jugador de Burn supo identificar lo que estaba pasando y adaptó su jugada en consecuencia, eligiendo una “opción subóptima” para poder ajustarse correctamente.

 

Afrontar lo inevitable

Un poco en relación con la varianza, hay matchups o situaciones que no tienen otra salida: si estamos jugando un mazo agresivo contra control, por ejemplo, y no vamos a poder batir una Ira de todas formas, lo mejor que podemos hacer es no jugar en torno a ella en absoluto y pensar que nuestro oponente no la tiene, jugando entonces todas nuestras criaturas. Sí, una Ira ganará la partida al momento. Pero, si de forma realista no podemos jugar en torno a ella, ¿qué más da? Toma las oportunidades que tienes mientras las tienes. Irónicamente, este es un error que tienden a cometer más los que son jugadores buenos, ya que suelen darle demasiado peso a sus propias percepciones y pensamientos como “pierdo ante una Ira, pareceré tan estúpido si no juego en torno a ella” se dan, consciente o inconscientemente, más a menudo de lo que pensamos.

  

Sé humilde

Cuando cometes un error, lo mejor que puedes hacer es admitirlo y afrontarlo. Todos somos humanos, lo importante es que no se repita nunca más ese error. Si quieres convertirte en un mejor jugador de Magic (o mejorar en cualquier faceta de tu vida en realidad) deja la arrogancia al margen y sé autocrítico.

Del mismo modo, es muy positivo aceptar que puedes aprender algo de todo el mundo, sea quien sea. Un punto de vista siempre es enriquecedor, no importa de dónde venga porque siempre será útil. Lo único que te va a pedir a cambio es ser capaz de discernir cuándo lo que te están diciendo tiene sentido y cuándo no. Por norma general, no obstante, cuando un amigo te da un consejo lo mejor que puedes hacer es tomarlo muy en cuenta. Te lo dan por algo.


Hasta aquí el artículo de hoy. Espero que os haya parecido interesante.

¡Nos vemos en el próximo torneo!

L M M J V S D
 4
56711
12131418
19202125
262728 

Esta semana

    Síguenos en Facebook