R.G. es una fascinante inmersión en el día a día de un agente que trabaja para el servicio de inteligencia francés. Este segundo volumen, Bangkok-Belleville, "“de los tres tomos con historias autoconclusivas previstos en principio"“ se compone

RG 2: Bangkok-Belleville, de Peeters y Dragon (Astiberri ed.)

La última obra del suizo Frederick Peeters vuelve a ser un giro en su carrera (y cuántos ha dado ya…). Es una ficción cercana al docudrama, que pone en viñetas los argumentos de dragón. Dragón, por cierto, es el sobrenombre de un policía real (que se oculta así, por precaución). Y las historias de RG destilan el mismo verismo que encontramos en Ley 624, de Tabernier, pero en ninguna ficción estadounidense. Es serie negra, vertiente policíaca, pero cn sabor a absoluta verosimilitud. Su segundo libro, de lo mejor de Peeters, sevuelve en las redes clandestinas y mafiosas que juegan con la emigración ilegal desde China, y lo hace plantando nuestra mirada en el cogote de ese policía divorciado, descreído, atado a su trabajo por ética y pasión personal, pero consciente de que es un nudo del que no va a escapar, y que se come su vida personal.

Esa es la gran baza de RG (Asuntos internos), la gran capacidad de los autores para aunar el drama sentimental de su figura de ficción, con un tono documental alrededor del delito y su investigación. Por supuesto, todo bien apuntalado gracias al talento de Peeters para el dibujo atmosférico, para el fuerte caracter literario de sus cómics (en esta obra muy necesario y bien planteado como voz en off), un pasmoso dominio del color, y esa habilidad ya conocida (pero cada vez a más y mejor) para planificar las escenas.

Existe, ya lo indicamos, un volumen previo. Y también rumores de que no habrá continuación por desavenencias internas. En todo caso, este segundo tomo queda como una joya del género "polar", testimonio de la realidad policíaca desvestido de oropeles mitificadores, y también de una realidad en la que rascar, buscar debajo del estatus quo de ciudadanos limpios de conciencia tranquila… puede, debe levantar ampollas en nuestra sociedad del hipócrita bienestar.

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