Por fin recopilado en un único volumen de 500 páginas todas las historias de Catwoman escritas por Ed Brubaker.

CATWOMAN, de Ed Brubaker y varios dibujantes (Ed. Planeta)

Las aventuras de la villana reconvertida a heroína Catwoman son uno de los primeros trabajos trascendentes de Ed Brubaker para los circuitos comerciales de la industria americana. Si previamente se había labrado un nombre en los mundillos alternativos con Lowlife y había destacado entre la crítica con su serie la Escena del Crimen, el éxito de público que le brinda Catwoman será la antesala a una carrera meteórica, tanto en DC (donde ya había guionizado Batman, y donde más tarde crearía Gotham Central junto a Greg Rucka) como en Marvel (Capitán América, Daredevil, Patrulla X…).

¿Cuáles son entonces las claves que convierten esta Cawoman en un cómic, digamos, bisagra en su carrera? Bueno, pues para empezar es un trabajo impecable que resucitó a un villano de segunda (no de tercera, pero por debajo del Joker o Dos Caras). Convirtiéndola, por cierto, en "heroína en construcción". En el fondo, eso nos narra Brubaker, la asunción de una ladrona de que su modo de vida no es el correcto, y cómo rectificar rumbos acarrea no pocos problemas derivados de tu propio pasado. Y es que los escollos que Selina/Mujer Gato se va a encontrar trascienden (aunque están ahí, también) a los villanos de turno, y más bien derivan de su propio pasado . Como consecuencias inesperadas, de su propia vida previa, y la realidad que ella misma se labró en el ejercicio de la villanía. ¿Una lección sobre la vida en forma de cómic? Bueno, tampoco: un entretenimiento con chicha, mejor. Una ficción que se decanta por el género negro (aunque se desarrolla en el universo de Batman) bien sostenido por una protagonista de construcción meticulosa y un elenco de secundarios que, número a número, va consolidando su papel.

Todo ello ilustrado por un plantel de dibujantes (Darwin Cooke, Brad Rader, Cameron Stewart y el español Javier Pulido) de estética cartoon (Pulido además da un salto cualitativo llevando ese aire de dibujo animado a su esencia, en un giro casi expresionista). La narrativa, dinámica, clásica y bien controlada, hace de la lectura una veloz montaña rusa con remansos y acelerones vertiginosos, y como debe ser, el dibujo es un elemento más dentro de este control de la escena, de la narración secuencial milimétrica (aunque no novedosa, sí podemos reconocer el muy buen ejercicio de estilo que cada dibujante plantea) Por otro lado es interesante el contraste de ese estilo naive y luminoso con unos guiones prácticamente para lectores adultos, con ese tono a serie negra, de protagonismo coral, de escenas realmente truculentas (incluyendo algunas torturas verdaderamente duras).

Son, en fin, algunos atractivos de una serie que Planeta nos brinda en un único tomo de más de 500 páginas, los primeros pasos en las nuevas aventuras de Catwoman. Deseamos que su continuación (que ya editó en tebeos más manejables) sea en un futuro recopilada en un segundo volumen hasta completar la etapa del guionista.

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