Nino quiere ser alguien, salir de Brancaccio, olvidarse de los problemas que corrompen su pueblo, que entristecen a su padre Pietro y preocupan a su madre Angelina. Pero Nino, uno más de esos niños con sueños de Brancaccio, tendrá que aprender a

BRANCACCIO, de Giovanni di Gregorio y Claudio Stassi (Ed. Norma)

La aparición de la colección Graphic Journal es una iniciativa digna del aplauso: cada novela gráfica versará sobre un tema interesante y se acompañará de columnas periodíasticas firmadas por gente vinculada al asunto. Brancaccio inaugura la colección yjunto al cómic propiamente dicho tenemos desde una corresponsal de La Vanguardia en Italia hasta activistas anti-puzzo o periodistas autores de libros sobre la mafia. Se trata de, a través del cómic y la jugosa compañía de varios artículos, comprender la realidad siciliana, la presión de la maffia sobre un pueblo-barrio y las consecuencias de esa presión. Uno acaba de leer el libro y curiosea en la red algunas direcciones aportadas por e libro, y siente el escalofrío de lo real. Más allá del propio tebeo pero siguiendo sus pasos, buscamos en la red y se nos congela algo. ¿Cómo puede ser que algo como el pizzo se produzca en plena Europa comunitaria, democrática, "civilizada"?

Brancaccio no busca respuestas, pero nos abofetea con un escupitajo de durísima realidad. Es también un cuento moralizante, pero ni lo esconde ni le interesa ser otra cosa que un grito airado de denuncia impulsado por demasiadas muertes, extorsiones y brutalidad "extra legem" como para ser otra cosa.

Podemos también hablar de sus autores, cómo han engarzado una historia contemplada desde tres ángulos que revelan el tapiz completo. O del estilo gráfico de Stassi, muy cercano al de Gipi con esa línea violenta y expresiva, entre el hiperrealismo y la caricatura. Podemos reconocer su buena puesta de página, clara y descriptiva (y alguna vez, es cierto, demasiado enfática), o la capacidad del guionista de retratar unos tipos bastante sencillos y la habilidad del dibujante de plasmarlo en físicos que también nos hablan de esas gentes imaginadas pero palpables (también algo tópicas… decíamos de su intención moralizante).

Brancaccio no es un tebeo de los que barren en listas de lo mejor del año. No es innovador. Es impulsivo antes que pretencioso o falsamente trascendente, y es sólido, sin titubeos de principiante (sus autores no lo son). En resumen, una obra que no es ninguna obra maestra, pero que resulta un tebeo correcto, se hace querer en su visceralidad y toca temas a descubrir (o revisitar) por toda persona interesada en las cosas que pasan por el mundo (o lo que es lo mismo: todo Dios). Y se engalana con artículos muy jugosos, lo que es un acierto.

Esperemos que Graphic Journal, la colección que inaugura, continúe los pasos abiertos aquí, o incluso nos sorprenda con obras aún más destacables, que trasciendan lo muy correcto para auparse en lo excelente.

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