¿Qué pasaría si viviéramos en un mundo en el que ....

Yo maté a Adolf Hitler

Guión y dibujo: Jason

Astiberri

Hay autores que se adaptan. Encuentran un tipo de historias, un determinado género cuyas reglas estudian, conocen, asumen y dominan. Y hay autores que ven las historias, los géneros y en general el mundo desde un prisma único, una distorsión que media entre la realidad y su procesado interior. Ello no equivale a calidad, pero cuando esta se junta con aquel solemos entrar en terrenos mayúsculos, y en esos pocos autores que hacen avanzar un medio, precisamente gracias a esa nueva mirada que proponen, quizá de un modo natural e inocente, pero que al tercero (el lector) le resulta profundamente excitante cuando consigue entrar en su propuesta. Porque más allá de manejar con soltura o maestría unos códigos ya cifrados, autores como, entremos al trapo, el noruego Jason, revientan el molde, lo superan. Bien, esta es la primera obra de Jason que leo, por tanto reconozco que estamos ante un descubrimiento personal. ¿Por qué es así, por qué nunca había entrado a sus mundos? En principio no me atraía ese dibujo, suerte de fría metamorfosis de Trondheim aún más limpio de adornos, de trazo inexpresivo y hierático. No es una obra sensorial, la de Jason, no es uno de esos tebeos que entran por los ojos, pues su grafismo, como cada vez sucede más en la historieta, es caligrafía y se comprende inserto en la lectura.

El dibujo jasoniano toma la línea clara y la convierte en línea fría, un monstruo inorgánico que en su gelidez matemática resulta turbador. Como un David Lynch pasdo por un tiralíneas, vamos. La planificación es igualmente cerrada e inamovible, ocho viñetas iguales por página, sin más efectos ni estridencias. El color no busca plasticidad, es icónico y crea atmósfera. Los diálogos, precisos, cortantes.

Y con estas armas Yo maté a Adolf Hitler deviene una historia donde la mezcla genérica (aquí hay asesinos, viajes en el tiempo, amores y desamores, nazis...) crea un universo que parece moverse a cámara lenta, donde siempre hace frío, donde no se llora sino que se vive triste, y donde el amor es el único motor posible para sobrellevar la gris existencia (gris pese a los hechos increíbles que abundan).

En fin, lectura sorprendente de un autor a seguir.

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