Con dibujo de Melinda Gebbie y guión de Alan Moore, llega esta novela erótica dividida en tres libros.

¿Qué nos cuenta Los Girls? Poco, pero nos habla de muchas cosas, nos explica el intenso poder telúrico del sexo, iniciático, liberador, placentero, cruel, obsceno o puro. Sexo explícito, pornográfico, trascendente. En resumen, Lost Girls cuenta en tres libros las travesuras de tres damas en un hotel en Europa hacia 1914, mientras indagan en cómo descubrieron el sexo en su preadolescencia. No se elude la época, pues en Lost Girls al final podemos entrever que la guerra es la losa que sepulta todas las libertades, y que en le fondo la libertad es hermosa, jamás obscena. También se acentúa la gracia del arte para vehicular las sombras y liberarlas en un espacio no real, y por tanto libre de prejuicios. La perversión sólo existe en el mundo real, y el arte lo transforma en espacio liberador para el artista y para el observador-lector.

Como es habitual en Alan Moore, la pirueta posmoderna no se elude: este cuento de cuentos contados lo protagonizan quienes protagonizaron otros tres cuentos: Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan y El Mago de Oz, y sus fantasías femeninas son las de un descubrir de la sexualidad más libre. No era un conejo blanco, no era un hombre de lata, no era un hada campanilleante, sino experiencias de extrema liberación (sensual, moral, física y ética).

Es evidente que Moore no toma por necio a su lector, y le supone una cultura (o le da pistas para iniciar la búsqueda de sus fuentes), y en fin, como en sus trabajos más personales, Lost Girls es un festín de referencias (la literatura de Wilde, el diseño modernista, Mucha, Schiele, Matisse, los fauves y los post impresionistas en general, Aubrey Beardsley… hasta se asiste a una ópera de Stravinsky). En el aspecto gráfico, por tanto, hay que remarcar la importancia de Melinda Gebbie, transformista del estilo que logra imbuirnos en el juego referencial .

En conclusión, Lost Girls es un trabajo difícil, a veces acartonado, pero que articula un discurso hondo que nos obliga a plantearnos la función social, personal, mística y carnal del sexo. A veces sucede que los artificios, fascinantes, pesan por encima del objetivo (te pierdes en sus trucos, en la forma, y entonces el fondo se debilita), pero en general estamos ante uno de los trabajos más ambiciosos y conseguidos de Moore, justo por debajo de From Hell (pluscuamperfecto) y V de Vendetta (apasionado, visceral), cercano a Watchmen (cronométrico).

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