Ciudad de humo Jason Lutes completa las dos terceras partes de una trilogía que constituye una de las obras más ambiciosas que se hayan realizado en forma de novela gráfica.

Jason Lutes sigue su odisea, la de un autor indie metido a novelar en imágenes la República de Weimar previa al alzamiento nazi, en tres álbumes y más de 600 páginas. Ya hablamos de la primera parte de Berlín, y ahora toca hacer lo propio con su ecuador a la espera (paciente) de su conclusión. Y el segundo volumen, dentro, ojo, de un notable resultado, me ha dejado más frío que su antecesor. Si aquel supuso una impresión excelente, se debe en buena parte al factor novedad, o sorpresa. Un casi recién llegado al mundo del cómic abordaba una complejísima historia coral, un exacto retrato de una época harto interesnate. El autor, además, era del otro lado del Atlántico, cosa curiosa, y la extensión del proyecto, ya anotada, abrumadora. Y el tomo en cuestión absorbía por su densidad, por una técnica narrativa amanerada pero eficaz (diseños de pagina muy cartesianos, narratividad muy visible, voces en off...). Por sus pretenciones de impecable fresco histórico.

Sin embargo, asumido todo ello y constatado que el nivel se mantiene (y evoluciona su dibujo un poco, de la línea clara a un ligero expresionismo... ejem... alemán), encuentro ahora que falta el factor impacto de su primera parte, con lo que la frialad de la obra se nota más. ¿Demasiado?. Los personajes ya no conmueven, y eso es iportante. Son muchos actores y muchas situaciones, y si en el lector no termina empatizando, si todo se ve desde la distancia omnisciente, no nos sentimos implicados. Aunque puede que ese sea el interés de Lutes, darnos la panorámica de una sociedad en declive económico, y también moral, a la que no nos podemos agarrar desde ningún ángulo. Los vividores, los obreros, los ilustrados, los analfabetos, todos son parte de un engranaje, la gran capital germana, que no funciona. Y la solución, lo sabemos por la historia, vino a poner las cosas peor.

Así que bueno, el tebeo es frío y distante, pero ello se convierte en discurso, mensaje (que no didaxis u obviedad). Aunque nos gustaría volver a emocionarnos con una relación, simpatizar con un personaje, como ocurría en el primer tomo.

En todo caso, el desenlace de Berlín puede ser algo para recordar.

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